Por Andrea Diego, Psicóloga
A primera vista, puede parecer una elección curiosa. ¿Qué tiene que ver una langosta con la psicología? En realidad, mucho más de lo que parece.
La langosta vive dentro de un caparazón rígido que, con el tiempo, se vuelve demasiado pequeño para ella. A medida que crece, empieza a sentir presión, incomodidad, incluso dolor. Y es precisamente esa incomodidad la que le indica que ha llegado el momento de cambiar. Entonces busca refugio, se esconde, se desprende de su antigua coraza y crea una nueva, más grande, más fuerte y más ajustada a quien es ahora.
Ese proceso no es fácil. Mientras la langosta está sin caparazón, queda completamente expuesta y vulnerable. Pero sin atravesar ese momento de fragilidad, no podría seguir creciendo.
En terapia ocurre algo muy parecido. Muchas veces llegamos cuando ya no cabemos en nuestra vieja forma de estar en el mundo: en una relación, en una forma de pensar, en una manera de sostenernos. Sentimos incomodidad, ansiedad o tristeza, sin saber que esa incomodidad es la señal de que algo dentro de nosotros está pidiendo espacio para crecer.
La psicoterapia es ese refugio temporal donde podemos detenernos, mirar lo que nos duele y aprender a soltar la coraza que ya no nos sirve. No se trata de eliminar el malestar, sino de transformarlo.
La langosta representa precisamente eso: la capacidad de convertir la incomodidad en crecimiento. Porque el cambio no siempre es cómodo, pero casi siempre es necesario.
Andrea